Todo va bien. Todo va bien.
Frase que te repites a ti misma mil veces al día y que incluso te llegas a creer. Piensas que tienes todo lo que necesitas para ser feliz y te obligas a serlo, incluso te frustras si no lo eres, te decepciona valorar tan poco las cosas buenas que te da la vida.
Hasta que tu cabeza hace "clic".
Ese clic que nos dice que frenemos, que algo está fallando y no estamos haciendo nada al respecto, ese clic que te hace plantearte si estás siguiendo el camino correcto y si lo estás haciendo con las personas correctas. Ese camino cuyo fin te has obligado a alcanzar, esas personas a las que te obligas a no dejar atrás.
Pero es justo ese clic lo que te hace ver que todos los caminos llevan a Roma, que puedes conseguir los mismos (e incluso mejores) resultados cuando cambias el rumbo de tu vida, sin desviarte de tus sueños. Un clic que te lleva a la conclusión de que la distancia más corta entre dos puntos no siempre es la línea recta, que a veces está bien dar unos cuantos rodeos y ver mundo, abrirte a otras personas, conocer nuevos lugares y culturas.
Ese clic es lo que te devuelve la ilusión, las ganas de volar, la libertad de imaginación, sin esas personas que te dicen lo imposibles que son tus sueños. Ese impulso de largarte a miles de kilómetros de donde estás y empezar una vida nueva, y así darte cuenta de qué echas de menos, a quién echas de menos, quién te echa de menos a ti y, sobre todo, quién te estará esperando cuando decidas volver. La vida es un viaje y es un error vivirla siempre en el mismo sitio.
Tal vez sea el momento de abrir las alas y de empezar a crecer interiormente, de coger las riendas de tu vida, de no atarse a ningún lugar ni a ninguna persona, puesto que nadie lo hace por nosotros.
Todo cambio empieza en ti. Déjate llevar. Olvida el pasado y el futuro, vive para hoy.
Explora, sueña, descubre.
Quédate en silencio y escucha el clic.
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