lunes, 2 de noviembre de 2015

Somos idiotas.

Nos pasamos la vida intentando encajar. Vistiendo ropa que no nos gusta para aparentar y sentirnos aceptados. Ocultando aficiones por ser diferentes a las del resto. Agachando la cabeza cuando alguien se burla de un pensamiento que muy dentro de nosotros llevamos. Aceptando las normas que la sociedad nos impone como las únicas válidas. Desconfiando de las personas. Trabajando porque "de algo hay que comer" (ojalá nunca en mi vida tenga que pronunciar esa frase).
Somos así hasta que llega un momento y decides pararte a pensar. 
Bueno, el momento no lo eliges tú, el momento te elige a ti. 
Entonces te das cuenta de que somos gilipollas, y te encuentras a ti mismo en el lugar equivocado, haciendo las cosas equivocadas. Y tratas de cambiarlo pero es imposible, no puedes cambiar toda una vida en un instante. Entonces te rindes porque crees que jamás encontrarás tu lugar en el mundo, que estás perdido y que ya nada merece la pena, que por más esfuerzos que hagas no serás capaz de salir a flote. Situaciones límite. 
Y la empiezas a cagar con todas las personas que durante todo ese camino (correcto o no), te han acompañado.
 Te alejas porque crees que no es lo que "debería" estar en tu mundo.  Empiezas a actuar como si no tuvieras nada que perder (¡gilipollas!), a descuidar a los que siempre estuvieron y lo que es peor: a descuidarte a ti. 

Sin saber que tú eres la única persona que te tiene que aceptar. Que el trabajo de tus sueños está a tu alcance. Que no hay que ser conformistas JAMÁS. 
Sin saber ver, que en la variedad está el gusto, que somos lo que somos gracias a las personas que nos han ido edificando a lo largo del camino. 

Sin saber que tu puto lugar en el mundo siempre ha estado y siempre estará al lado de aquellos a los que llamas "los míos", de las personas que nos cuidan día a día, al lado de las personas QUE NOS QUIEREN DE VERDAD Y QUEREMOS DE CON EL CORAZÓN. 

Deja de evaluar tu entorno porque si eres feliz, no hay más que analizar.

Amigas del alma, perdón por la tardanza, pero ya he encontrado mi lugar en el mundo. 

miércoles, 29 de julio de 2015

Carta de despedida.

Adiós.
Nunca pensé que podría pronunciar esta palabra con la absoluta certeza de que es un adiós de verdad, de que esta vez es la definitiva. 
Ya leí que hay ausencias que representan un verdadero triunfo, y este es el caso. Pero, por qué no decirlo, también me has enseñado muchas cosas, puesto que todo lo que ocurre en nuestras vidas es una lección, aunque a veces sea agradable y, en otras ocasiones, todo lo contrario. A pesar de esto, siempre debemos ser agradecidos. Por eso creo que la primera palabra para empezar podía haber sido un "gracias", para que, de ese modo, el adiós pueda cerrar esta etapa de verdad sin dejar nada en el tintero. 
Son muchos los momentos que hemos compartido, incluso más de los que me hubiera gustado. 
Has estado presente en los momentos más importantes de mi vida y era imposible no notar tu presencia. Todo el tiempo me has sido fiel, nunca me has abandonado, ni aunque yo te lo pidiese a gritos. 
A veces,  por tu culpa, me he despistado mucho, tanto en los estudios como en las relaciones sociales. 
Nunca me has fallado la noche y el rato de antes a un examen, estabas presente y te negabas a dejarme sola. Te empeñabas en acompañarme hasta el final. 
A la hora de tomar decisiones importantes aparecías sin yo llamarte y conseguías liarme la cabeza todavía más, privándome de mi capacidad para pensar con serenidad y tomar la mejor decisión. 
Por otro lado, siempre te ha gustado acompañarme a todas partes, a todos mis planes, cenas, fiestas... 
Cada vez que llegaba algún evento importante, te gustaba recordármelo día tras día, aunque las dos supiéramos que no se me iba a olvidar, y conseguías que perdiese los nervios de tan solo pensarlo.
A cada fiesta también me has querido acompañar. De hecho, me acompañabas desde el momento en el que me invitaban A MÍ, aunque muchas veces ya se veía venir que me acompañarías o que simplemente harías que me quedase en casa contigo. Y así fue. Pasaron muchos eventos, cumpleaños, fiestas... En los que me hiciste sufrir y te empeñaste en acompañarme de principio a fin. 

Reconozco que a veces fui lo suficientemente fuerte como para hacer caso omiso a tus peticiones y me llegué a plantar en varios lugares sin ti, o al menos eso creía. Porque tu ausencia duraba poco. Siempre acababas apareciendo, recordándome que formabas parte de mi vida y que no iba a ser tan fácil deshacerme de ti. 
Incluso en más de una ocasión pude ver las caras de compasión/tristeza/pena/decepción que ponían las personas que me acompañaban cuando notaban tu presencia, cuando una vez más sabían que me había sido imposible deshacerme de ti. Supongo que esas personas te odiarán por no dejarles disfrutar de mí. Yo también te odio por ello. 
Han tenido que ver como poco a poco me ibas  destruyendo por dentro e inundabas mi ser hasta que dentro de mi cabeza solo hubiera espacio para ti. 

Por todo esto se me hace muy difícil despedirme de ti, porque también me has convertido en la mujer que soy hoy. Una mujer fuerte, valiente, sin miedo a nada y con pasiones y sueños que cumplir. Sueños por los que me dejaré la piel por alcanzar para hacer que se conviertan en realidades. 
Hoy me doy cuenta de que tu presencia era simplemente una falsa alarma, los miedos que me metías en el cuerpo no eran reales, nada los sustentaba. 
Así que, lo siento, te dejo. Te dejo para poder seguir siendo fuerte y feliz, para exponerme a experiencias nuevas, para compensar a los que no pudieron disfrutar al 100% de mí, por tu culpa. Pero antes de decirte adiós definitivamente, he de pedirte que no vuelvas nunca más. He aprendido la lección. No me vuelvas a atormentar, que esta lucha ya me ha dejado exhausta y no la quiero continuar. He ganado yo.
Gracias por lo aprendido y ADIÓS, ansiedad.

martes, 7 de abril de 2015

Huyendo conmigo de mí.

Es curioso cómo la vida de una persona puede dar un giro de 180º en mucho menos tiempo del que esperamos. 
De repente llega un día en el que te das cuenta de que el que creías que era tu lugar no lo es, que tu vida quizás no esté llevando el rumbo que querías y que, el sentimiento de vacuidad cada día se apropia más de tu interior, junto con la necesidad extrema de romper con la rutina y con todo lo que ésta conlleva; de escapar de esas cuatro paredes que te ahogan, de todas los actos a los que creemos que estamos obligados a hacer. 
Desde pequeños nos inculcan lo que está bien y lo que está mal, y siempre nos tratan de llevar por un camino sin preguntarnos si es el que queremos recorrer. 
Siempre tratamos de llevar una vida buena, que nada tiene que ver con la buena vida (paradojas), de hacer lo correcto a cada momento, lo que está bien visto. Llevar un horario, tomar responsabilidades, obsesionarnos con nuestro futuro. 
Pero llega un día en el que te das cuenta de que ya está bien, te quitas el reloj (¡fuera horarios!), te olvidas del mundo y vives tu vida de la manera en la que siempre has querido. Con libertad y con la certeza de que estás realmente haciendo algo para ti, para ser feliz TÚ, con independencia de que a los demás les guste o no.
Lo cierto es que nunca había sentido tantas ganas de escapar y tampoco nunca había estado tan segura de que realmente no tenía un lugar al que hacerlo. Nunca había tenido tanta necesidad de que me dejasen sola para acabar dándome cuenta de lo mucho que lo estoy. 
Y el mismo pensamiento que me ahogaba, esa soledad, es lo mismo que me ha empujado a dar otro cambio a mi vida. El cambio del cambio, y sinceramente, espero que este me vaya un pelín mejor. 

Me he dado cuenta de que quizás algunas de las necesidades que sentimos son necesidades reales, y es que amueblar tu cabeza siempre es más divertido si tienes compañía, si tienes personas que te hacen de guía y te dan de hostias hasta que te das cuenta del grave error que estabas cometiendo al tratar de llevar tu vida por el mal camino. Y al final te das cuenta de que cuánto más feliz eres menos falta de hace convencer al resto de que lo eres, y exactamente en ese momento, en el momento en el que dejas de querer demostrar tu felicidad, es cuando estás empezando a ser feliz. 

Vive una vida de la que te sientas orgulloso y puedas contar en un futuro con la cabeza bien alta, y si piensas que no lo estás haciendo, ten la fortaleza de volver a empezar, porque al fin y al cabo cada final es un nuevo principio, y nunca es tarde para dar veinte mil giros de 180º hasta que encuentras la posición correcta, el rumbo correcto, la compañía correcta... Pero hazlo. Atrévete, da el paso.
 Pero ya. YA. No pierdas ni un solo segundo de tu valioso tiempo. No pospongas la felicidad.
Si no es ahora, entonces, ¿cuándo?

Be happy, be free, be you.

lunes, 30 de marzo de 2015

Clic

 Todo va bien. Todo va bien. 
Frase que te repites a ti misma mil veces al día y que incluso te llegas a creer. Piensas que tienes todo lo que necesitas para ser feliz y te obligas a serlo, incluso te frustras si no lo eres, te decepciona valorar tan poco las cosas buenas que te da la vida. 
Hasta que tu cabeza hace "clic". 
Ese clic que nos dice que frenemos, que algo está fallando y no estamos haciendo nada al respecto, ese clic que te hace plantearte si estás siguiendo el camino correcto y si lo estás haciendo con las personas correctas. Ese camino cuyo fin te has obligado a alcanzar, esas personas a las que te obligas a no dejar atrás. 
Pero es justo ese clic lo que te hace ver que todos los caminos llevan a Roma, que puedes conseguir los mismos (e incluso mejores) resultados cuando cambias el rumbo de tu vida, sin desviarte de tus sueños. Un clic que te lleva a la conclusión de que la distancia más corta entre dos puntos no siempre es la línea recta, que a veces está bien dar unos cuantos rodeos y ver mundo, abrirte a otras personas, conocer nuevos lugares y culturas.
 Ese clic es lo que te devuelve la ilusión, las ganas de volar, la libertad de imaginación, sin esas personas que te dicen lo imposibles que son tus sueños. Ese impulso de largarte a miles de kilómetros de donde estás y empezar una vida nueva, y así darte cuenta de qué echas de menos, a quién echas de menos, quién te echa de menos a ti y, sobre todo, quién te estará esperando cuando decidas volver. La vida es un viaje y es un error vivirla siempre en el mismo sitio. 
Tal vez sea el momento de abrir las alas y de empezar a crecer interiormente, de coger las riendas de tu vida, de no atarse a ningún lugar ni a ninguna persona, puesto que nadie lo hace por nosotros. 

Todo cambio empieza en ti. Déjate llevar. Olvida el pasado y el futuro, vive para hoy. 
Explora, sueña, descubre. 

Quédate en silencio y escucha el clic. 

jueves, 19 de marzo de 2015

Perdiendo gente, ganando personas.

Siempre he creído en la necesidad humana que todos sentimos alguna vez de detenerse un minuto a pensar y a reflexionar. También creo que todos deberíamos tener un lugar donde poder hacerlo, donde la calma reine y solo se escuche silencio. Silencio y nuestros pensamientos.
El otro día encontré el momento perfecto, en el lugar perfecto, y allí encendí un canuto y decidí dedicarme ese rato exclusivamente a mí. Pero lo cierto, es que yo no soy yo sin las personas que me rodean, ya sean para bien o para mal. Porque me di cuenta de que todas las personas que pasan por nuestras vidas nos enseñan algo. Hay personas que son verdaderos tesoros y nos enseñan la necesidad de tener paciencia, de saber querer, de confiar, que nos enseñan el significado de la palabra lealtad y que nos perdonarían todo. Y precisamente por ese motivo, porque nos perdonarían todo, es por lo que tenemos que intentar con todas nuestras fuerzas que no tengan que hacerlo jamás. También han pasado personas mezquinas y que estaban vacías por dentro. Personas por las que podrías dar tu vida que ni eso lo valorarían. Y qué triste es ver como hay gente que tira su tiempo a la basura confiando en ellas. Sobre este tipo de personas diré que, aunque cueste mucho asumirlo, estamos mejor sin ellas. Luego están las personas que no salen de tu vida ni aunque les eches a patadas, ni con agua caliente. Que siempre tienen la última palabra y que nos hacen perder los nervios. Y por supuesto, hay otras personas de las que puedes no saber nada de ellas, que se hayan ido físicamente pero que realmente nunca salen de nuestra vida. Personas que nos han marcado una etapa y que difícilmente seríamos lo que hoy somos sin ellas. 
Por desgracia, creo que hay más gente que personas. Hay más gente que vive toda su vida fingiendo ser alguien que no son, fingiendo respetar algo que no respetan, fingiendo querer. Lo único que puedo decir sobre esas personas es que no hace falta que os esforcéis en parecer algo que no sois, porque el sol sale igualmente aunque bajes la persiana. Y a buen entendedor...
Pero no quiero hablar de ese tipo de gente. Prefiero hablar de las personas. 
Hay personas que a pesar de todo, sigues mirando a tu lado y ahí están. Que nos echan un cable cuando lo necesitamos e incluso cuando creemos que no. Nunca rechaces la ayuda de un amigo de verdad, y ten en cuenta siempre que una mano lava a la otra, y que en compañía todo es mucho más fácil. Lo que es difícil es acertar con la compañía. Esas personas que son la gasolina de nuestros cuerpos, las que nos empujan hacia delante incluso cuando creemos que nada puede mejorar. Las que cuando tenemos una venda en los ojos nos advierten de ésta, y aún cuando no les hacemos caso, se quedan a nuestro lado cuando nos hemos dado la hostia, nos levantan del suelo, nos quitan el polvo y nos dan una pequeña patadita en el culo para que nunca nos detengamos. Porque no hay mal que 100 años dure, porque la vida sigue, y no se para a esperar a nadie, y estas personas lo saben y no dejan que pierdas ni un solo día de tu vida estando triste por algo. Hoy estamos aquí y mañana no lo sé, por eso, dedica todo tu tiempo a ser feliz contigo mismo y a hacer feliz a los tuyos, a los que nunca fallan, a los que no tenemos que llamar cuando tengamos un problema porque simplemente estarán ahí. 
Y aunque siempre tratarán de protegernos, hay cosas inexorables en la vida, y no siempre podemos evitar el dolor. En esos momentos, en los que te de miedo mirar hacia delante, y mirar hacia atrás te haga daño, mira a un lado, y mira a las personas que te acompañan, las personas que hacen que tu mundo siga girando, y piensa si vale la pena ser feliz por ellos o no.

Yo creo que sí.

miércoles, 11 de marzo de 2015

Crecer.

"Mamá, quiero ser mayor".
 Cuantísimas veces pronuncié esa frase de pequeña y es ahora cuando entiendo la respuesta que me daba mi madre. "Cuando seas mayor, querrás ser pequeña". Pues sí, mamá. Qué razón tenías. 
Porque crecer no es solamente ser más alta (que no lo soy), ni más valiente (que tampoco lo soy). 
Crecer implica mucho más que todos los cambios meramente físicos y mentales.
Crecer es darte cuenta de que las personas que más gente tienen a su alrededor son las más infelices, y que es mucho mejor contar con los dedos de una mano a los que están ahí de verdad. Es aprender que cada persona es un mundo y que es muy difícil dar con alguien que actúe como nosotros lo haríamos. Es hacerse mil preguntas y encontrar cada vez menos respuestas. 
Es entender que no siempre hay un porqué, y aprender a aceptarlo.
Crecer implica dejar atrás nuestra manera de escaquearnos de los problemas. Ya no vale con taparse los ojos o los oídos, ya no valen los "si yo no lo veo no está pasando". Ya no. Ahora toca ir de cara y con la cabeza bien alta, dispuestos a comernos todos los problemas que nos vengan, solucionar lo que esté en nuestras manos, y dejar ir lo que no lo está. Es aceptar que porque las cosas no salgan como nosotros queremos no quiere decir que no estén saliendo bien. 
Implica también estar dispuesto a darte en la cara con la realidad y ver que las personas a las que creíamos conocer no son, ni de lejos, lo que pensábamos que eran. Ni mejores, ni peores, simplemente diferentes. Esta creo que es la parte más dura, la de las decepciones. Hay personas que tratarán de hundirte y que pretenderán morir matando, qué cobardes. No han crecido, porque crecer también implica la capacidad de la autocrítica, de pensar que la culpa no siempre es del otro. Por ello siempre necesitaremos contar con un pequeño círculo de personas por las que nos podamos poner en el fuego con la certeza de que no nos quemaremos. A veces, incluso te quemas, pero ya ni eso te hace alejarte porque, habrás aprendido a poner las cosas buenas y las malas en una balanza, y a veces, deberás perdonar lo que creías que no perdonarías jamás. No debemos confundir esto con la falta de lealtad a uno mismo, porque no lo es. Precisamente, es todo lo contrario.
A veces debes dar tu brazo a torcer, pero es muy difícil saber tomar la decisión de por quién hacerlo. Aquí entra una virtud tan única como necesaria, que es la paciencia. Saber esperar, saber dejar ser. Tomar aire y seguir hacia delante.
Crecer es darte cuenta de que las cosas no son siempre blancas o negras, porque entre estos dos colores hay un infinito de tonos de gris. Te darás cuenta de que la vida nunca te hace enfrentarte a algo que no seas capaz de superar, y que siempre estarás recibiendo una de cal y otra de arena (que, por cierto, no sé cuál es la buena). Te darás cuenta de la abismal diferencia que hay entre rodearse de gente interesada o de gente interesante. Yo, sin dudas, me quedo con los segundos. 
Mi círculo, mi pequeño círculo de personas sinceras, transparentes, protectoras, personas que me miran sonriendo cuando es a mí a la que le van bien las cosas, que me abrazan cuando no, y sobre todo, personas que me hacen crecer día a día. Gracias.

PD: No podía terminar la entrada sin recordar, hoy 11 de marzo a todas las víctimas del atentado de Atocha. No os olvidamos. Descansad en paz.

Con todo mi amor.

martes, 3 de marzo de 2015

La carta que debí enseñarte.

Querido tú:
Ahora que has entrado en mi vida me gustaría aprovechar para darte las gracias y disculparme a partes iguales.
Gracias porque si has entrado en mi vida significa que has cruzado la barrera que pongo a todos los desconocidos y que has conseguido que me sienta realmente a gusto a tu lado. Disculpa porque te voy a complicar en muchos aspectos, te haré rabiar ante mi indiferencia sobre cómo pasar el tiempo que compartimos, pero es que, pasando tiempo contigo ya me siento bien.
Quiero que sepas que no soy una persona fácil, que lloraré por tonterías y en cambio a veces verás como me crezco ante la adversidad, como doy la cara por ti y como soy la persona más payasa del mundo por verte sonreír. Porque no tengo otra prioridad más que devolver una pequeña parte de la felicidad que me dan las personas que me rodean.
Tampoco serán fáciles mis domingos, suelen ser un día donde me planteo mi existencia y mi lugar en el mundo más veces de las que abro la nevera, que ya es decir. Pero te prometo que los viernes seré la persona con más energía del mundo y que estaré ahí si necesitas una cerveza o si necesitas contarme un problema.
También te advierto que si me cuentas un problema es muy probable que me apropie de él y lo trate como si fuera mío. No te lo tomes a mal, pero a esas alturas te querré demasiado como para dejarte solo lidiando contra algo.
Cuando tenga exámenes, mejor déjame mi tiempo, deja que me repita mil veces a mí misma que voy a suspender y ríe cuando veas que mis expectativas no se cumplen. Sonríe y dime "te lo dije", que me harás recordar en todos los momentos en los que has creído en mí, cuando yo ya había dejado de hacerlo. Recuerdame que vale la pena confiar en la bondad de las personas, y no lo hagas con tus palabras, deja que tus actos hablen. La palabrería barata no me va.

Abrázame cuando me quede callada y te mire con la cabeza agachada, porque será cuando más exhausta me sentiré, cuando pensaré que no tengo nada bueno en mi vida. Abrázame porque harás que se me vaya ese pensamiento de la cabeza.

Si consigues llegarme al corazón, créeme, daré todo por ti. Y cuando digo todo es todo.
No importa si en el momento no me lo agradeces, incluso si me quieres echar de tu vida a patadas seguiré ahí, porque sabré lo que necesitas y sabré que pocas personas te cuidarán como yo.
A veces te pareceré pesada. Aquí sí que no tengo nada que decir en mi defensa. Lo soy, soy muy pesada, pero aunque no lo creas, te costará imaginar tu vida sin mi pesadez después de acostumbrarte a ella.

No te preocupes por tus malos días porque te voy a abrazar y te haré ver que el mundo no es un lugar tan malo, o al contrario, me enfadaré contigo y te daré la razón en todo lo que digas, porque sé que es un pensamiento temporal.

No siempre me vas a ver con una sonrisa en la cara, eso te lo adelanto, tengo más días malos que buenos, pero gracias a personas como tú sigo aquí. Gracias a las personas que me devuelven las ganas de vivir y de confiar, sobre todo de confiar en el mundo. Pero a veces, me escucharás hablar y puede que incluso te quite las ganas de seguir adelante. Mi pesimismo a veces tiene mucha fuerza.
Por favor, no me hagas caso, simplemente hazme notar que estás ahí y hazme sentir protegida.

En fin, vendrán tiempos difíciles, pero la unión hace la fuerza, y seguro que nos comemos el mundo si lo intentamos a la vez. O al menos así trataré de hacerte sentir, para que confíes en ti y para que te quieras. Yo prometo no fallarte, al menos aposta, porque se me olvidaba mencionar lo patosa que soy a veces.

Ahora que ya sabes como soy, depende de ti que me conozcas. Pero, a cambio de eso, solo te pido una cosa, una única cosa: no me decepciones. No me hagas arrepentirme por haber depositado confianza en ti. Y no cambies tu actitud hacía mí sin motivos. Piénsalo bien, porque suena fácil pero no es tan fácil de cumplir, pero es la única manera que se me ocurre de no decepcionarme con las personas.

Y aún así, me decepciono.

Con todo mi amor.

domingo, 1 de marzo de 2015

Cambios.

Hoy quiero compartir con vosotros un pensamiento que se ha mudado desde hace unos días a mi cabeza y del que no me puedo deshacer. 
Supongo que a todas las personas, en algún momento de nuestras vidas, nos llega el día en el que nos paramos y hacemos balance de todas las cosas que hemos conseguido, de todo lo que hemos perdido, de lo que pudo ser y no fue, y de lo que creíamos que nunca sería y acabó siendo. 
Fue justo en ese momento cuando me di cuenta de lo que cambia la vida de una persona en un breve espacio en el tiempo. De cómo mi vida ha dado un cambio de 180º en menos de 1 año y medio. 
Y es que la vida es eso, cambios. Cambios para bien, para mal, que nos duelen o nos alegran, pero cambios que, la mayoría de las veces, suceden en contra de nuestra voluntad, y nos hacen pasar la mayor parte del tiempo preguntándonos el por qué de tantas cosas, sin darnos cuenta de que no hay nada mejor que una vida cambiante. Una vida que nos sorprende, que nos agita y nos desorienta, que nos da patadas y nos brinda felicidad. Pero hay que estar hecho de un material muy especial para darse cuenta de lo bonitos que son los cambios. Hay que tener una percepción de la vida muy diferente a la de la mayoría de las personas que nos rodean. Yo no soy de esa mayoría. Nunca me ha gustado formar parte de un gran grupo de personas que comparten pensamientos. No creo que haya nada que me haga sentir más equivocada que sentir que todos me entienden y piensan igual que yo. 
Parece tonto, pero es así. 

La vida cambia, las personas cambian, incluso nosotros mismos somos un cambio constante. 
Constante como los momentos. "Siempre es ahora mismo", escuché ayer en una película. Fue la única frase con la que me quedé después de 2 largas horas de largometraje. La dijeron justo en el último minuto de película, y fue ahí cuando mi cabeza se quedó pensando en lo cierta que era esa frase. 
Siempre es ahora mismo, ¡qué razón! Y es que ahora mismo, aunque no nos demos cuenta, nuestra vida está cambiando, y en lugar de martirizarnos deberíamos dar las gracias, porque significa que estamos vivos. 

Os adelanto que las cosas no siempre os van a salir como vosotros queréis, que las personas que más queréis es probable que os fallen, que lo que creíais vuestro un día desaparezca, pero, ¡sorpresa! la vida sigue, y nunca nos va a hacer enfrentarnos a algo que no seamos capaces de superar. 
Y si no, piensa en aquel día en el que creías que el mundo se te caía encima, aquella noche que pasaste llorando deseando no existir. Seguro que has tenido días así. Y, de nuevo, ¡sorpresa! sigues vivo. 

Asume los cambios, o mejor dicho, disfrútalos. Mira con desafío a la vida y deja que te siga poniendo a prueba, porque nada hay más fuerte que una persona que sabe dónde está y, lo más importante, hasta dónde quiere llegar. 

Desde que empezaste a leer esta entrada, 116 personas se han casado, 58 aviones han despegado, 144 personas se han mudado a un nuevo hogar y, lo más importante, 7.150.000.000 corazones humanos laten. 

Y tú, ¿vas a empezar a vivir ya, o vas a pasarte el resto de tu vida lamentándote y haciéndote preguntas para las que no hay respuesta? ¿Vas a dejar de culpar a la vida por darte golpes cuando en realidad solo te da lecciones? Todo lo que pasa en nuestras vidas desde que nacemos, bueno o malo, es exactamente lo que te convierten en la persona que eres hoy. 

¿Quieres ser feliz? Depende de ti. 

Con todo mi amor. 

miércoles, 25 de febrero de 2015

1120 minutos.

Esta entrada tiene algo de especial.
Quiero decir, todas tienen algo de especial, todas son un pedacito de mí, pero esta ha sido provocada por uno de los comentarios en la entrada anterior. 
Decía: "Te echamos de menos, espero que esta ausencia se deba a que estás viviendo el hoy".

Pues bien, sin saber si vas a leerme de nuevo, te contesto:
Sí, he estado viviendo cada uno de los segundos que han pasado desde la última entrada. He de aclarar que estar viviéndolos no significa ser feliz en todos ellos, porque no lo he sido, de hecho he tenido pensamientos horribles y lo he pasado muy mal en algunos momentos, pero esto no desmiente lo anterior. Mientras he estado mal no pensaba en un futuro, no pensaba si seguiría estando así cuando pasase X tiempo, lo único que pensaba era que estaba mal en ese instante y que algo tenía que hacer para intentar evitarlo. Porque eso soy. Soy un intento de muchas cosas, soy un intento de risa constante, de ser la persona que siempre alegra a los que le quieren, de sacar las mejores notas y de tener el mejor futuro posible (que nada tiene que ver con el dinero).
Pues bien, ni siempre estoy riendo, ni siempre alegro a los que me quieren, ni siempre saco las mejores notas y mi futuro es más bien incierto.
 Y a pesar de todo esto, soy feliz.

Muchas veces me pregunto si la felicidad se siente o se busca, y al fin me he dado cuenta de que yo la siento sin haberla buscado. Miro a mi alrededor y no puedo hacer más que sonreír mientras noto como mi cuerpo se llena de un sentimiento tan bonito como lo es la alegría, las ganas de vivir.
Muchos os preguntaréis qué me habrá sucedido para que escriba esto, y la respuesta es: nada.
He ahí lo realmente bonito de este sentimiento, que nada en especial lo cause.
Bueno, sí hay algo especial, y son las personas que me rodean.

Qué importante es estar bien rodeado para poder valorar la belleza que hay en el resto del mundo.     Y no, no me refiero a la belleza de una persona, sino a la belleza efímera que hay en las pequeñas cosas y que, acostumbrados a ella, no valoramos.

He calculado que al mes paso unos 1.120 minutos en el autobús. Llego, doy los buenos días al conductor, y  hago el mismo trayecto de lunes a viernes, trayecto monótono que siempre hago (o hacía) con desgana y cansancio. Siempre en el mismo asiento. Dejo mis cosas en el asiento de al lado, pero nunca antes de que empiecen a aparecer árboles en el camino, y desconecto durante 28 minutos.
Pero el otro día, recordé mis propias palabras sobre la importancia de vivir el "hoy", entonces, empecé a ver los viajes de otra manera. Los he empezado a ver como una oportunidad para deleitarme con la belleza del mundo, de  los almendros en flor, la pureza y la tranquilidad que me hacen sentir por dentro, y fue ahí cuando me di cuenta de que el mundo nos hace pequeños regalos cada día y que los ciegos no son los verdaderos invidentes, sino aquellos que ven el mundo con asco, rabia y frustración y no son capaces de percibir la belleza que hay en él.

No os perdáis la luna por querer contar las estrellas.

Sed felices. Vivid.

Con todo mi amor. 

Dedicado a vosotras. 


martes, 27 de enero de 2015

Hoy.

Hoy vuelvo a daros una parte de mí, un trocito de mi alma, un pensamiento y un consejo. No sin antes agradecer a todas esas personas que me apoyan en esto y me animan a seguir haciéndolo. No os digo nada más porque las palabras no se pueden aproximar a todo lo que siento. El agradecimiento es mío.
Os dejo una frase para reflexionar: "Si no eres feliz con lo que tienes, tampoco lo serás con lo que te falta".

Dicho esto, comenzamos:

Miro a mi alrededor y constantemente veo personas, entre las que a veces me incluyo, planeando un futuro feliz.
El concepto en sí es bonito, esperanzador, pero si lo analizamos, muestra un claro desprecio hacia el día más importante de nuestra vida: Hoy.
Aplazamos nuestra felicidad, convenciéndonos de que lo que nos espera será mucho mejor de lo que tenemos, y perdonad que os diga que, aunque a veces parezca que sí, no hay nada más valioso que ser feliz en este mismo momento, no necesitar motivos para celebrar, más que el estar aquí, con los nuestros, sonriendo y valorando las pequeñas cosas.
Con esto no quiero decir que debamos perder la esperanza en un buen porvenir, para nada, pero éste empieza a ser un problema cuando le damos tanta importancia que olvidamos el presente.

Porque, ¿cuál es el objetivo principal de la vida, si no es ser feliz? Pues aún así, tendemos a posponerlo, a olvidarlo, a crearnos mayores prioridades que ésta.
Y lo peor, es que la  gente suele darse cuenta de esto demasiado tarde, cuando ven que han desaprovechado su presente pensando en un futuro incierto, cuando se frustran con ellos mismos por no cumplir sus expectativas de vida, y esto suele ser cuando ven peligrar ésta.

Por esto insisto tanto en la importancia de ser felices HOY, sin importar qué nos deparará el mañana, si lo hay, en hacer planes a corto plazo e ir renovando nuestras metas continuamente, cumpliendo sueños, haciendo felices a los que nos quieren, sin dejar nuestra felicidad de lado.

Solo así, podremos irnos cada día a dormir con la certeza de que estamos haciendo todo lo que está en nuestras manos por ser felices, por vivir la vida que queremos.

Y esto os lo dice una persona que se ha encontrado durante mucho, mucho tiempo hundida, sin valorar las cosas buenas que la vida me ponía delante, centrándome más en lo poco que me faltaba sin pensar en lo mucho que tenía. Por ello, ahora sólo tengo un objetivo, vivir cada día como si fuera el último, exprimir al máximo el tiempo, cuidando a las personas que quiero y luchando por mis sueños de futuro sin olvidarme de mis prioridades del presente.

Y os lo recomiendo. 


Con todo mi amor. 

lunes, 5 de enero de 2015

El fuego.

Siempre me ha gustado reflexionar sobre todo lo que pasa a mi alrededor. Y hoy, tras hacer un intento de escribir una entrada y frustrarme porque no sabía ni como empezar, me he quedado sentada mirando el fuego de la chimenea. Entonces la inspiración ha venido a mí (he de decir que la música de fondo ha ayudado considerablemente). Y esta es la conclusión a la que he llegado: 

Pienso que nosotros, las personas, en el mundo, somos como los troncos de los árboles. Los hay más gordos, más delgados, más altos, más bajos, más viejos, más jóvenes... Pero, a pesar de todas estas diferencias meramente físicas, hay algo que compartimos. Algo que nos arroja a todos por igual. 
El fuego. El fuego serían todos esos problemas y baches que nos vamos encontrando a lo largo de nuestra vida, todas esas personas tóxicas que entran en nuestra vida y nos nublan el futuro. Todos podemos ser el fuego de alguien y todos podemos ser el agua que lo apague. El fuego también podría ser la muerte. A todos nos duele que alguien a quien queremos fallezca. Siempre he pensado que la muerte es más vida que muerte, porque aunque caiga directamente sobre una persona, los que nos quedamos aquí tenemos que cargar con esa pérdida y esa tristeza durante mucho tiempo. Y es que por muy diferentes que seamos, todos ardemos si uno de estos fuegos nos toca. 
El fuego no avisa, de repente arrasa con todo lo que había y no deja más que cenizas y dolor. Puedes levantarte completamente feliz y que al final del día no te quede nada.
 Por esto os animo a que nunca dejéis nada por hacer, que abracéis, que digáis cómo os sentís, que pidáis ayuda si la necesitáis, porque siempre habrá personas dispuestas a exponerse al fuego por nosotros. Y es que lo que no hagamos hoy, tal vez mañana no podamos hacerlo. Sé que es un pensamiento algo extremista, pero, ¿acaso la vida no es extrema? ¿acaso no estamos hartos de ver muertes por asesinatos o accidentes en la televisión? Abrid los ojos, ninguna de esas personas imaginaba que sería su último día en este lugar tan bonito llamado mundo. Y estoy segura de que dejaron mil cosas por decir, por hacer, pensando que tenían mucho tiempo por delante. 

El tiempo vuela, la vida vuela, y el fuego seguirá sorprendiéndonos, pero en nuestras manos está vivir una vida que merezca la pena, cumplir nuestros sueños, no dejar nada por decir ni hacer. 

Sólo unas pocas personas estarán dispuestas a quemarse por ti o contigo, encuéntralas.

 Mucha suerte a todos, aunque recordad: todo depende de vosotros y de vuestra manera de ver el mundo.


Con todo mi amor. 


viernes, 2 de enero de 2015

Cómo soy yo.

Hace unas semanas, me hicieron una pregunta muy sencilla en apariencia y muy difícil de contestar para mí: ¿Cómo te definirías?

En el momento, no recuerdo muy bien cómo me definí, improvisé un poco, pero sí recuerdo que no fui del todo sincera. No porque no quisiera, sino porque no supe.

No os imagináis lo frustrante que puede llegar a ser para una persona algo como no saber definirse. Hoy creo que he encontrado algunas palabras que, más o menos, me definen.

Soy una persona soñadora, muy muy sensible, muy mía. 
Me gusta ayudar a las personas, me pasaría la vida haciéndolo. Me veo con fuerzas para cambiar el mundo aunque muchas personas se empeñen en decirme que no lo conseguiré. Soy fuerte y a la vez frágil. He aguantado mucho, sigo en pie, pero eso no significa que no haya caído mil veces. Soy detallista. Guardo todas las cosas que me recuerden a momentos bonitos: tickets, fotografías, pegatinas... En fin, cosas que para otras personas son idioteces, y para mí lo son todo. Como todo el mundo, soy diferente a todo el mundo.
 Siento que tengo que rodearme de personas que sepan lo que me pasa sin yo decirlo, que me entiendan con miradas y que me abracen hasta dejarme sin aire. Personas que calen, que me hagan llegar a casa y reflexionar, que me dejen embobada escuchando. Soy una persona más bien tranquila. No me gusta salir de fiesta, en cambio me encanta pasar tardes y noches con mis amigas en cualquier bar o parque riendo y fabricando recuerdos. Creo en la magia. Todos deberíamos hacerlo. Valoro más la felicidad de quién me acompañe que la mía propia, y, aunque me hayan advertido del daño que eso me hará, no quiero cambiarlo. Me gustan mis prioridades, y no dejaré que 4 idiotas que no me valoran consigan cambiarme. 
A la hora de comer soy la persona más rara del mundo, pocas cosas me gustan. 
Mi sueño es viajar por todo el mundo, conocer culturas diferentes, hablar todos los idiomas posibles, y ayudar a todas las personas que pueda a crear un mundo mejor. 
Sí, ya os he dicho que creo en la magia. Continuamente estoy imaginando cosas bonitas y es muy fácil verme callada y con la mirada perdida. 
Siempre me han dicho que tengo  una virtud y es la de saber escuchar. No es que sepa, es que cuando haces algo que amas por alguien a quien amas, todo se vuelve más sencillo.
Me gusta aprender cada día algo nuevo, y sentir que no me va a dar tiempo a aprender todo lo que quiero aprender, que me faltan días, y me agobia que no me salgan las cuentas. 
Pocas cosas me hacen más daño que las decepciones, y últimamente, por desgracia, no hago más que llevarme palos. Pero, tranquilos, no por eso voy a rendirme. Siempre seguiré siendo como soy y luchando.
Disfruto con las cosas pequeñas, aunque está la excepción que confirma la regla: Amo mirar el cielo por la noche, sobre todo cuando hay lluvia de estrellas.
Odio las injusticias y a las personas que actúan como si no tuvieran nada que perder, como si estuvieran vacíos por dentro. Me hacen perder (temporalmente) parte de mi ilusión y de mi esperanza en el mundo. 
Me gusta quedarme siempre con el lado bueno de las cosas, soy capaz de quedarme al lado de una persona que tiene 90 defectos solo porque veo 10 virtudes demasiado grandes. 
Odio tener que darme por vencida, y por lo general, cuando la gente me dice que deje de intentar lo imposible, me empeño en intentarlo una vez más. 
Amo leer, es a día de hoy mi manera de viajar y mi mayor antidepresivo. Porque personas que nos fallen habrá muchas, pero estoy segura de que es mayor el número de libros que están esperando ser leídos. Subrayo todas las frases que me gustan, que calan hondo en mí, y me quedo suspirando varias veces y releyendo el mismo párrafo. No me gusta regalar libros. Al menos, no a cualquiera. Considero que es el regalo más especial y único que una persona puede hacer a otra, y hay que pensárselo dos veces antes de hacerlo. 
No me gusta decir cuál es mi libro, canción o película favorita, porque es mi manera de hacerlos más personales, más míos.


En fin, soy una persona corriente con sueños corrientes, y no me siento ni mejor ni peor que nadie por ser así. 

Pero soy de las que piensa que formar parte de algo o alguien especial, te hace especial.

Con todo mi amor.